jueves, 30 de enero de 2014

Trouble wants to find me

¡Hey! Y aquí estoy de nuevo. Casi no me puedo creer que vuelva a escribir tan seguido, es decir, ni hace una semana desde la última entrada. Supongo que de verdad tengo más tiempo, o lo administro mejor, o qué se yo. Porque hoy más bien se trata de no sé.
Bien. Empezaré por el principio, ¿no?. El primer no sé es, hablando claro, ¿qué demonios me pasa? Hoy estoy...¿insoportablemente depresiva? Sí. Y eso que por la mañana estaba tan feliz y campante, con una sonrisa en la cara, pero esa brillante y maravillosa curva se ha ido deformando en una no tan agradable. ¿Por qué? Buena pregunta. Buena porque no tiene respuesta. Simplemente ha pasado así. Y como no, yo, tan sumamente impertinente y estúpida, he tenido que cometer el error. El error de enfadarme. Vamos, Silvia, ¿cuántas veces te has enfadado de la misma manera, por tonterías siempre? Siempre con la misma persona. ¿Te ha hecho algo? ¡Claro que no! ¡Tú sólo buscas problemas con el menos indicado! ¡Con una de las pocas personas que te importan tanto como tú misma! ¿Es que no tenías más gente? ¡Sabes que esa persona siempre te ha querido ayudar! Pero no, aunque te diga que no lo hagas más, aunque sepas que se enfada, tú lo sigues haciendo. Sabes que te arrepientes a los 0,01 segundos, ¡y lo haces!. A veces me resultas tan hipócrita. A veces me resulto tan hipócrita. Sí, Silvia, tú, yo, somos unas tontas. ¿Es que existe una milésima de lógica en acercarte a una bomba que va a estallar, a la chimenea que esta encendida, al fuego que hace saltar chispas? ¿En hacer lo que no debes hacer, sabiendo que no debes? ¿No me bastaba con ser orgullosa y egoísta, ahora también tenía que hacer evidente que otro de mis adjetivos calificativos epítetos era la completa gilipollez? Y así, emparanoiada a más no poder toda la tarde, por mi culpa y nada más que mi culpa. A pesar de que esa persona no se había enojado al fin y al cabo, yo tenía que pensar en eso, y me sentía mal, y me siento mal. ¿Cuando aprenderé la lección? A veces me da por preguntar qué es lo que necesito para que me quede grabado a fuego y memoria en la mente. Tengo miedo de que me acaben dejando por eso, de que él me acabe dejando, de que otros me acaben dejando por mi... estupidez. Porque eso es lo que me define. Estúpida. Simple y llanamente estúpida.
Bueno. Lo segundo es un poco más de lo mismo de la otra vez. Amor. Ah. Las princesas somos fuertes, y podemos conseguir nuestros propósitos. Yo conseguí el mío... más o menos. Porque mi tímido príncipe sigue igual de callado, y sus respuestas, sus evasiones, sus actos a veces me hacen preguntarme: ¿realmente me quieres? ¿te importo, no sabes lo que sientes, estás jugando? No paro de pensar en eso. Yo sólo quiero besos, abrazos, caricias. Yo sólo quiero roces, conocimiento, diversión, un presente... y a tu lado ha de ser.
Espero que mi bello durmiente despierte pronto, porque la inseguridad mató al gato.

1 comentario: