jueves, 12 de junio de 2014

A LA ENTRADA

Ayer vi la mañana mas hoy no concibo el ayer. Vivimos cansados allá donde vamos sin esperar ni ser esperados. Andamos, pero no nos complace correr, ni siquiera si de nuestra vida se trata. Sentados, nos resignamos a que la vida aparezca y, sin más, nos tome; al infierno que nos queme y nos devore; un jazz que miente y acompasa nuestros pasos, que baila junto a una lectura incomprensible e indecisa.

El futuro se torna una lágrima de anís en la copa donde ahogamos nuestros sueños en una noche de verano. Soledades está tan acompañada como pudo estarlo Polifemo; aunque yo siempre noté algo de celo en Galatea y su mirada.

Ayer es una cárcel de preguntas en una piscina salada; un revuelto de verduras salteadas que se fríen a la brasa y se confunden con las alas de un teatro y la gala de una noche al estrellarse. Dime dónde andarán las voces que se durmieron en la cama, se pegaron a nuestro garganta y gimen porque no salen.

Hoy es impreciso. Un día cualquiera de un año que olvidamos recordar y una noche tardía sin esperanzas que añorar. Hoy es como volver una página hacia delante, destrozar el prólogo cuyas letras también destrozaron la existencia, nos engañaron y mostraron la cara amarga de la decadencia, y como amortiguamiento sólo nos ofrecieron unas sábanas ajadas por el tiempo y el dinero. Nos hemos rendido porque no quedan más días. De las entrañas de las pieles de osos cazados -y cazando- resurgirá un nuevo firmamento. Ya lo decía Calderón: ''La vida es sueño''. Y los muertos, muertos son.



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