viernes, 2 de noviembre de 2012

Pensamientos...¡fusión!

Hola de nuevo, lectores. Hacía tiempo que no escribía ninguna entrada, y se echaba de menos plasmar todo lo que ronda por esta atolondrada cabeza. Hoy no os voy a hablar sobre nada en concreto, bueno, mejor dicho, sobre ningún tema en general, pues esta tarde quiero expresaros todos los pensamientos que necesito desprender de mi mente, o bien compartir, o las dos cosas, sí, probablemente las dos.
¿Sabéis esa sensación de tristeza, de pena, de vacío, esa sensación de dolor y preocupación, que viene dada por algo de origen desconocido, que de repente aparece, sin explicación o lógica alguna, y que te hace sumirte en un vaivén complicado de desconcierto y de ondas negativas? Esa sensación, en la que sabes que estás mal, pero no encuentras un cuándo, un dónde, un con quién y, lo más importante, un por qué. En la que nadie, por muy payaso o muy significativo que sea para ti, consigue sacarte, en lo que nada, ni la acción que más te guste hacer, consigue hacerte sentir feliz. Estás entre el límite que marca el estado bien y el estado mal, no te acercas a ninguna raya, no sabes qué hacer para mejorar, y esa sensación persiste, te persigue. No, no intentes controlarla, porque se volverá más fuertemente contra ti. No, no sigas luchando contra ella, porque ganará. No, no te rindas, porque sumirás en su juego. Convive. Sí, sácale partido a esa sensación, porque sí, tiene partido. ¿Sabes qué siento ahora mismo? Exacto, esa sensación. Y me va a servir de inspiración, para recordaros que siempre habrá una alternativa, que de lo malo se extrae lo bueno, porque todo tiene relación, porque son lo mismo, para deciros que nada es más fuerte que vosotros, y que podéis rebelaros contra lo que os atormenta u os molesta. Así que, si os encontráis así, recordad estas palabras para aquellos que les sirvan, porque aunque no lo creas, tu puedes conseguir lo que propongas.
Ahora pensaré en el adiós. Esa palabra que a tantos les cuesta decir, tolerar y/o admitir. Nada es para siempre, porque entonces todo sería monótono y aburrido, porque hay que probar todo tipo de cosas, y eso no significa que debamos desprendernos de todo lo demás, solo que, con el tiempo, las cosas irán cambiando, porque la vida es un cambio constante que marca un pasado, un presente y un futuro, de forma más general o no. En las últimas semanas he tenido que tomar unas decisiones que han resultado algo duras. He tenido que pensar si en realidad valía la pena seguir siendo amiga de una persona con la que llevo junta un par de años. Y cuándo tenemos que pensar en eso, es porque ha llegado un punto en el que la relación se ha vuelto difícil, en el que se ha vuelto tensa y, a veces, irrespirable. Y de repente vienen todos esos recuerdos, esas risas, esos buenos y malos momentos, esas fotos y esos comentarios, esos tiempos en los que poníamos cam y hacíamos tonterías a doquier. Ese PASADO. Y los recuerdos decidieron por mí, y pensé que todo estaba bien. Pero no me di cuenta de algo que ahora comprendo. Estos días esa relación no existía, esa amistad estaba muerta, muerta desde el mismo instante en el que consideramos la opción de dejarla, muerta desde que las peleas empezaron a marcar el compás de este lazo, muerta desde que cada uno empezó a distanciarse, cambiamos y tomamos caminos distintos, era un juego de niños, tu te escondes y yo no te pillo. Y aunque en algún momento haya dolido, ahora lo vemos como algo que tenía que pasar, como una relación bonita, porque ya hemos asumido que cada uno tiene su vida, y que llevan separadas desde hacía tiempo, que somos él y yo, no los dos, y los recuerdos y las cosas buenas siempre permanecerán en nuestros corazones, como algo inolvidable, porque un sabio amigo me dijo una vez que, si tuviera que catalogar a sus amigos por preferencias, cogería una hoja y los pondría a todos en la misma línea, porque todos habían traído a sus vidas algo bueno.
Y por último, decir que ya me he cansado. Sí, cansado de pelear, de estar siempre discutiendo. Hay veces que es inevitable, y que lo necesito con fiereza, pero ya me he cansado de jugar al ratón y al gato, y de que me echen broncas gente que desde hace muchísimo tiempo lo lleva haciendo. He llegado a la conclusión de que, si alguna vez fueron mis amigos, o si de verdad nos importamos, todo acabó, y de que no pienso seguir el juego de tu dices y yo contesto, porque ya me da igual lo que puedan decir de mí, me trae sin cuidado, porque a partir de ahora yo sin ellos soy feliz, Así que al mal tiempo buena cara, y pondré como uno de mis lemas algo que he empezado a decir hace poco: no discutas, tu di que sí a todo y... ¡adiós!