Se caen las letras a tirones.
Se encienden los ojos como doses.
Sé que la lluvia te atraganta y toses.
Sé que los hilos mentirosos te abruman y las
coges,
las agujas del tiempo, los huecos rotos de los
relojes.
Cierras la boca con amarga vejez y la coses
Sé que los hombros se dislocan en anhelantes
poses.
Sé que tus piernas se alargan, estallan,
convulsionan y corres.
Puedo oírlos hablar, puedes añorar sus
críticas en forma de voces.
Puedo sentir la risa aguda del fango, tan
esquelética, ¿oyes?
Puedes ver el suave movimiento de sus capas,
el viento lanzando azotes.
Sé cómo escapas, cómo finges, cómo éxtasis
acecha por las noches.
Cómo te envuelves en la inopia, bajo la risa y
aunque lo ignores
sé que acuden bandidos lagrimosos a las
paradas de los autobuses.
En cada intento de huida, en cada deliberado
abrazo te escondes.
Tan falso, tan falsa la vida. Tan duro, tanto
fracaso el alma y sus conjuntos.
Acarreando a cuestas la responsabilidad de un
mundo.
Prueba los caminos, prueba los métodos,
comprueba tus pruebas y me hundo.
Y te hundes y caemos, en los pozos sin fondos
primitivos como cuchillos.
Y lloras, y lloro, y dormimos hasta el sueño
profundo.
Y mueres, y lentamente muero y me confundo
y creo escuchar sus voces riendo, mis voces
riendo,
siempre fueron destornillantes murmullos.
