¡Buenas tardes! ¿Qué tal estáis pequeños y pequeñas? Sí, hoy me ha dado por llamaros así, de una manera un poco más... ¿convencional?. Está bien, al grano. Mis dos últimas entradas son sobre unas poesías que escribí hace tiempo, ya que hacía muchísimas semanas que no subía nada al blog y bueno, sea quien sea quien lo vea, creo que merece tener algo aunque sólo sea cada mes. Hoy me encontraba tremendamente aburrida en mi casa. Algunos dirán ''¿cómo es posible? ¡hay mil cosas que hacer!''. Bueno sí, está bien, hay cientos de ellas, pero realmente ninguna que me agrade, así que he venido a contaros un poco qué tal me siento hoy.
Veréis. Mi pequeña mezcla de sensaciones hoy empieza hace algunos días...uno, en concreto, o tal vez muchas semanas de inopia. Trata sobre nuestro tópico preferido, el amor. Ah, amor, amor. Cupido fue un malcriado en su casa, impertinente por hacer enamorarme de quien no debía. ¿Enamorarme? Ni siquiera sé si llamarlo así. Llevo algún tiempo sufriendo la embestida de la soledad, verme rodeada de estúpidos corazones que me han llevado a desear convertirme en una media naranja. Y el otro día por fin decidí dejarme llevar por cualquier mezquina tontería y comenzar a ilusionarme. Ilusionarme por la posibilidad de ser rescatada, yo, de mi casa de muñecas maldita, por un príncipe...¿morado?. Y tenía esa sonrisilla tonta que nos hace parecer endemoniados estúpidos a la vera de cometer tonterías. Parece mentira que eso tan sólo fuera ayer. Y hoy... hoy, ya no sé qué pensar. Me esfuerzo por, cambiando los tradicionales papeles, conquistar a mi pequeño príncipe, o averiguar si soy correspondida, pero ah, Cupido, además de malcriado, es un impertinente y perverso niño, y quiso que mi príncipe saliese una rana más tímida que mil callados. Y aquí sigo, intentando crear conversación, intentando pensar en otras cosas cuando él simplemente parece ignorarme, intentando creer de verdad en su timidez y no en un simple ''no''. Porque es ilusionarme y decepcionarme cada diez minutos. ¡Vamos, peor que la menopausia o un embarazo! Esta situación me desespera. Tal vez sea la princesa quien tenga que sacar fuerzas de flaqueza y seguir, pese a todo, al frente de la dura batalla que por culpa de un mocoso caprichoso me tocó vivir. Y sí, ¿por qué no? Te quiero.
