martes, 5 de febrero de 2013

-Si la vida te da limones... +¡Le tiro un naranjazo, zas en toda la boca!

Hola de nuevo. Siento haber tardado tanto en pasarme por aquí pero no sabía que plasmar esta vez. Hoy hablaré sobre algo que seguro que os ha pasado muchísimas veces...

¿Sabéis ese sentimiento de anhelo, de vacío, de que te falta algo para estar completamente bien? Hace unas semanas yo también lo tenía. Anhelaba una perfección inexistente, anhelaba mejores amigos inseparables, anhelaba alguien realmente especial con quien compartir amor, y nadie estaba allí para escuchar mis penas y mi melancolía hacia algo más allá de lo perfecto. Yo sabía que no podía ser, y que imaginaba en vano, pero los deseos te juegan a veces malas pasadas, y aquello en lo que eres consciente que no puede ocurrir y a lo que se te esta prohibido alcanzar por naturaleza y lógica duele el doble. Saber que no puedes pero querer poder. La vida es irónica...hasta que le pillas el tranquillo a su juego. Y este estado me corrompía por dentro, hacía que mis pensamientos agradables no fueran más que absurdas ideas inaudibles y que aquellas preocupaciones reinaran mi mente. Y así día tras día, sin poder hacer nada. Pasó el tiempo, y quise encontrar lo que anhelaba desesperadamente, y me atenía a cualquier posibilidad de conseguirlo. Pero las cosas forzadas no acaban bien. Las cosas llegan a su momento, y aunque sea duro, tendremos la seguridad de que si llegan es por algo.
Ahora yo me he dado cuenta de eso, pero también le debo mi alegría a estar más unida con ciertos amigos. ¿Y sabes? La vida es bella, bellísima, y juraría que es casi perfecta, ya que mantiene un equilibrio entre el bien y el mal. La vida es justa. La vida es sabia, es lógica. La vida es en este juego el único elemento equitativo. Así que disfruta, porque las cosas duelen en el momento, pero después, incluso al minuto más tarde, has de pensar que ya es pasado y sacar fuerzas de cada mínima debilidad para seguir. Y recuerda: si la vida te da limones, tírale un buen naranjazo para que vea lo que vale un peine.

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